25 noviembre 2012

El latín, una lengua muerta que sigue viva

Andrea Tornielli, Ciudad del Vaticano 11/10/2012
«El latín es la lengua de nuestras raíces, pero también funciona en Twitter»

Entrevista con Roberto Spataro, secretario de la nueva Pontificia Academia de Latinidad, instituida por Benedicto XVI

...en el “motu proprio” del Papa hay un detalle que me parece muy significativo. Declara que la enseñanza del latín se debe llevar a cabo con «métodos didácticos adecuados a las nuevas condiciones». Creo que se refiere al llamado “metodo natura” que logra buenos resultados cuando se aplica. Por ejemplo, la academia Vivarium Novum en donde se usa: los estudiantes jóvenes, provenientes de todo el mundo, aprenden latín en poco tiempo y aprenden a leer a los clásicos sin necesidad de un diccionario.


Con la publicación del “motu proprio” que instituye la Pontificia Academia de Latinidad, Benedicto XVI quiso subrayar que hoy, «en el contexto de una decadencia generalizada de los estudios humanistas», se muestra concretamente «el peligro de un conocimiento cada vez más superficial de la lengua latina, incluso en el ámbito de los estudios filosóficos y teológicos de los futuros sacerdotes». Vatican Insider entrevistó al latinista salesiano Roberto Spataro, que el Papa Ratzinger nombró hoy secretario de la nueva Academia.

Don Roberto, ¿qué sentido tiene instituir una Academia para el latín en la época de Twitter? ¿No corre el riesgo de convertirse en una decisión nostálgica?

Le respondo, sobre todo, con una observación: Twitter es un instrumento que impone una comunicación rápida. El latín, a diferencia de las lenguas modernas, adopta, generalmente menos palabras para expresar una idea. Si yo digo en inglés “the corruption of the best one is horrible”, en latín, en lugar de las ocho inglesas, bastan tres palabras: “corruptio optimi pessima”. El latín es una lengua que ayuda a pensar con claridad, precisión y sobriedad. Sin embargo, el motivo principal por el que el Santo Padre decidió instituir esta Academia es mucho más profundo: no se puede, y no se debe, romper el vínculo con las raíces de la cultura humanista que se expresó en latín, nació en el mundo greco-latino, floreció con el Cristianismo, se profundizó con el Humanismo y que ha producido un patrimonio excepcional de ciencia, sabiduría y fe.

Entonces es una cuestión de cultura...

Sin esta cultura, todos nos empobrecemos. A veces el “ethos” de los pueblos del occidente y de otras regiones, pierde una parte de su alma. El latín es la lengua de los maestros que no desapareceránnunca: Terencio, con su “homo latino”; Cicerón, con su concepto de “humanitas” y su ideal de “res publica”; Horacio, con su “aurea mediocritas”; Livio, con sus ejemplos de “virtus”; Séneca, que nos enseña que todos los seres humanos, incluso los esclavos, tienen su dignidad inalienable; y todos los demás autores de la Latinitas clásica, áurea, postclásica, cristiana, medieval, humanista y neolatina.

¿Cómo trabaja la Academia? ¿Qué se puede hacer para difundir más la lengua latina?

La Academia, al ser una institución científica, pondrá en marcha las iniciativas típicas de un órgano de este tipo: cursos, congresos, publicaciones. Particularmente, en el estatuto se pide una estrecha colaboración con el Pontificium Institutum Altioris Latinitatis, fundado en 1964 por el Papa Pablo VI, y donde tuve el honor de enseñar. Pero en el “motu proprio” del Papa hay un detalle que me parece muy significativo. Declara que la enseñanza del latín se debe llevar a cabo con « métodos didácticos adecuados a las nuevas condiciones». Creo que se refiere al llamado “metodo natura” que logra buenos resultados cuando se aplica. Por ejemplo, la academia Vivarium Novum en donde se usa: los estudiantes jóvenes, provenientes de todo el mundo, aprenden latín en poco tiempo y aprenden a leer a los clásicos sin necesidad de un diccionario.

¿Cuál es la relación que existe entre el latín y la fe cristiana?

¡Es una relación de amistad! En la constitución apostólica “Veterum Sapientia” de Juan XXIII (1962) se recuerda que la lengua latina es inmutable, por lo que está fija en registros bien definidos y alejados de la naturaleza mutable de las lenguas nacionales. Esto ofrece la posibilidad de expresar los conceptos clara y sólidamente. El latín se ha revelado por esta razón una lengua válida para comunicar el pensamiento con certeza, fuerza, precisión y con una gran riqueza de matices. Por ello es la lengua del magisterio, sobre todo en materia dogmática, en donde no se admiten las ambigüedades, y en el ámbito de la liturgia, en la que se encuentran la tierra y el Cielo, y en la que las “res humanae”, transitorias, se sumergen en las “res divinae”, eternas e inmutables en su perfección.

Durante el último Concilio, el latín todavía era una lengua que los padres conciliares conocían. Según su opinión, ¿cuál será la lengua del Vaticano III?

No creo que la celebración del Vaticano III sea inminente. Sin embargo, me queda claro que la “editio typica” de los documentos oficiales ¡será en latín!

ENLACES:

17 noviembre 2012

Multi ludi Latine


A continuación se  detallan los distintos juegos y materiales pertenecientes al taller 'Multi ludi Latine', presentados por Germán González y Antonio G. Amador en la 'X Jornada de Cultura Clásica de Sagunto'.
 

I. Trade verbum

Los alumnos juegan por turnos, respondiendo cada uno la pregunta que le toque por orden alfabético. Si acierta, se anota un punto; si falla, pasa palabra y responde el siguiente. Siempre se corre turno, para que todos los alumnos puedan jugar.

Para hacer nuevos juegos, hay que modificar la plantilla del documento ‘txt’ y guardar el archivo en la misma carpeta que el ejecutable. Los archivos se pueden descargar en esta entrada anterior del blog.

II. Conficere sententias
Consiste en repartir una serie de palabras (dos, tres, cuatro) a cada persona. Los jugadores deben construir una frase con las palabras que les han tocado.
Las fichas se pueden descargar en este enlace.

III. Video video in Lyceo
Primero es conveniente trabajar en el aula con la presentación ‘Centum vocabula scholaria’. A continuación, se puede repartir en clase (o bien proyectar) el documento ‘Quintus in Lyceo’

La secuencia del juego es:
Primer jugador (profesor), tras anotar la palabra en un papel: Video, video.
Todos: Quid vides?
Primer jugador: Video aliquid quod a littera ___ incipit.
Jugadores: Estne ____________?
Primer jugador: ita (est), certe, rectum est / non (est), minime, pravum est.

Se reanuda el juego con el alumno que haya acertado. Si se juega con los objetos que haya en el aula, éstos siempre tienen que estar a la vista de todos.

IV. Vocabula ligata
Hay que relacionar las palabras que aparecen en el panel, explicando siempre qué relación existe entre ellas.
En este enlace podemos descargar el panel del juego.


V. Animalia
Primera parte: juego colectivo.
Se reparte una carta a cada alumno, el profesor tira el dado y los alumnos tienen que escribir una frase en el caso indicado con el animal que les ha correspondido.
Dado que hay 54 cartas, se puede repetir las veces que se considere necesario.
[N.B. Las cartas se han elaborado como una baraja francesa para posibilitar la realización de otros juegos. El archivo en pdf se puede descargar en este enlace. En cuanto al dado, los números han sido sustituidos (con pegatinas) por los casos, salvo el vocativo, que es un comodín]
Segunda parte: juego individual.
         El profesor va llamando a los alumnos por turnos. El alumno coge, sin mirar, un animal de la bolsa grande* (también se puede seguir jugando con cartas) y una bola** de la bolsa pequeña (o arroja el dado). A continuación, debe decir una frase con el animal que le ha tocado en suerte en el caso y número indicado.
          [*Para la segunda parte, se pueden cambiar las cartas por una bolsa llena de animales de plástico (que se pueden adquirir fácilmente en una taberna Sinensium). **De igual manera, podemos sustituir el dado por doce pelotas de ping-pong, cada una con un caso en singular o en plural, incluyendo un comodín en singular y otro en plural en lugar del vocativo]
Animalia Cartas


VI. Ludus sacculi
Instrucciones previas:  Hay que tener una caja (o una bolsa opaca) con las tarjetas fotocopiadas dentro. También es necesario algo de música. Los jugadores han de tener papel y algo con lo que escribir.  Los jugadores (han de ser más de 3) se sientan en círculo.

Desarrollo del juego: 
Comienza a sonar la música y la caja va pasando de mano en mano sin parar. En el momento en que se detenga la música juega el participante que tenga la caja en sus manos. 
Antes de abrir la caja ha de elegir un compañero, que correrá la misma suerte que el que tiene la caja (será eliminado o seguirá en el juego). 
Sin mirar, se saca una tarjeta de la caja y se cumplen las instrucciones. Para alargar más el juego, dependiendo del número de jugadores, se puede eliminar por acumulación de puntos negativos (cuando haya tres fallos, por ejemplo), así se puede jugar más rato.
Se ha de establecer previamente un tiempo máximo para resolver las pruebas, dependiendo del nivel de los participantes.
Las tarjetas son de varios tipos: ordo, grammatica, pictura, vetitum y mimus.
El objetivo del juego es no quedar descalificado por acumulación de fallos.
Las instrucciones y las fichas se pueden descargar en este enlace.

06 noviembre 2012

La enseñanza del latín vivo


En el último capítulo (Loquamur Latine!) de su magnífico libro El latín ha muerto, ¡viva el latín!, el profesor Wilfried STROH termina haciendo las siguientes reflexiones:

LA ENSEÑANZA DEL LATÍN VIVO
(...)
Es evidente que pocas personas querrán aprender latín según el método habitual de muchas instituciones, que lo convierte en una especie de álgebra superior o tal vez de química. Se busca el núcleo del predicado  -osculatur (él besa)- y se pregunta entonces por la totalidad de la frase a través de los complementos necesarios (¿Quién besa? Catullus ¿A quién besa? Lesbiam) y de otros detalles (¿Dónde besa? ¿Por qué besa? ¿Con qué frecuencia besa?). De izquierda a derecha, de derecha a izquierda, se va montando una frase hasta que finalmente tiene sentido. Nunca habría logrado Catulo besar a Lesbia o leerle sus poemas si ella hubiese tenido que esforzarse tanto para entenderlo. ¿No deberíamos, por lo tanto, intentar que el latín se aprenda por el camino natural de la escucha, la comprensión y el habla?

Quien reclama hoy en día una enseñanza viva del latín no está pidiendo, por suerte, nada nuevo. Durante las últimas décadas se ha hecho mucho por este objetivo: editar libros de texto más amenos y vivos, aplicar a la enseñanza los conocimientos adquiridos por la psicología, incluir música y teatro en clase y, sobre todo, hablar latín con entusiasmo. Estoy convencido de que, algún día, el latín dejará de considerarse una lengua "muerta" y volverá a impartirse como la reina de las lenguas extranjeras. 
Para los humanistas del Renacimiento era evidente que el latín se aprendía hablando, ya que era el idioma general de la enseñanza. También en épocas posteriores fue opinión compartida entre los mejores pedagogos, empezando por el gran Comenio, que la práctica de la conversación debía ser simultánea o incluso previa a la enseñanza de la gramática latina. En el siglo XVIII, pedagogos tan radicalmente diferentes como el neohumanista Gesner y el realista Basedow coincidían en este punto.

Aún a día de hoy existen muchos maestros de todo el mundo que, a pesar de las restricciones de los planes de estudio y de los libros de texto, practican este "método directo", aplicado ya a todas las lenguas modernas. Por suerte contamos con un manual de latín, muy agradable para los niños, preparado en formato monolingüe por un profesor danés (1). Gracias a un pedagogo bávaro, disponemos incluso de un largometraje en latín para el aprendizaje de la gramática.

A este planteamiento se objetará, en primer lugar, que "el latín es una lengua muerta". Quien haya leído este libro, siquiera en parte, sabrá que esta objeción no es correcta: el latín lleva dos mil años "muerto" y, sin embargo, se ha usado en cada época como si fuera una lengua viva. Vivo o muerto, el latín sigue siendo un idioma, no una disciplina matemática.

La segunda objeción que suele hacerse está, me parece, fuera de lugar: "No tenemos tiempo para hablar en latín". Naturalmente las clases de latín en los institutos actuales no son tan frecuentes como en la época de Melanchthon o de Humboldt. Pero quien quiera hablar en latín con sus alumnos no pierde el tiempo, sino que lo gana. Tardo lo mismo en decir "no hables con tu compañero" que noli garrire cum vicino, pero, en el segundo caso, mi alumno retiene el término garrire y recuerda que las prohibiciones no se construyen con el imperativo, sino con la perífrasis noli. Y además ha percibido, de forma inconsciente, que la primera i de vicinus es corta y la segunda es larga. Longum iter est per praecepta, breve et efficax per exempla (Largo es el camino a través de las reglas, corto y eficaz por los ejemplos) [Séneca: Epistulae, 6,5].

Cuando tenía veinte años, hice prácticas en un instituto de la ciudad industrial suaba de Göppingen y tuve que dar clase de latín básico a los alumnos de séptimo curso. Vae mihi, pobre de mí. Cuando mi tutor me dejó solo para ir a tomar un café, parecieron abrirse las puertas del infierno. No sólo aumentó el nivel de ruido, sino que empezaron a volar a mi alrededor bolas de papel y trozos de tiza. ¿Cómo hacerme respetar? Tuvo que ser un dios o un genio de la latinidad quien me susurró al oído: Loquere Latine (habla en latín). Lo intenté de forma vacilante, pidiendo calma con frases sencillas; de inmediato tuve a una clase suaba en completo silencio. Todos los ojos me seguían fascinados. Al final de la clase, un chaval entusiasta, convencido de la diversidad de la lengua, me preguntó: "Señor Stroh, ¿puede usted hablar dialectos latinos?".

[(1) El autor se refiere, obviamente, a Lingua Latina per se illustrata, de Hans Orberg. Aclaro, por otro lado, que los destacados en negrita son míos.]

A los que aún no conozcan el libro, les recomiendo que lean infra el prólogo escrito por el profesor Joaquín Pascual Barea, con quien coincidimos Emilio Canales y yo en el XI Congreso de la Academia Latinitati Fovendae, celebrado en Alcañiz y Amposta en abril de 2006, y donde tuvimos el privilegio de Latine loqui con el propio Wilfried (Valahfridus) Stroh y con quien fuera su profesor en la Universidad de Heidelberg, Michael von Albrecht.

En las páginas 16-18 del prólogo, Pascual Barea afirma lo siguiente:

"Una de las conclusiones de esta historia consiste en la necesidad de enseñar el latín con la metodología propia de cualquier lengua extranjera, y no como una lengua que sólo pudiera ser traducida y estudiada como materia teórica."
(...) "Siguiendo su ejemplo, desde el mes siguiente y hasta hoy he procurado transmitir a mis alumnos de la Universidad de Cádiz la idea de que el latín es una lengua que se aprende mejor concibiéndola como tal y en la que aún es posible comunicarse, recurriendo para ello a algunos de los recursos que propone Stroh en esta obra."
(...) "Otros profesores españoles, sobre todo en la Enseñanza Secundaria, se han lanzado en estos últimos años a conversar en latín y a seguir en clase el manual  Lingua Latina per se illustrata de Hans Orberg, justamente elogiado por enseñar el latín sin recurrir a la lengua vernácula."

El latín ha muerto, ¡Viva el latín!